El señor de la guerra

Ayer por la noche le tocó el turno a “El señor de la guerra”, una película dirigida por Andrew Niccol y protagonizada por Nicolas Cage. La película sigue la carrera de Yuri Orlov (Cage), un ucraniano que emigra de joven a Brighton Beach (NY), Estados Unidos. Allí montan un restaurante y se hacen pasar por judíos.

Un día, Yuri presencia un enfrentamiento de la mafia rusa y se da cuenta de que lo suyo no es seguir con el restaurante familiar, lo suyo es la venta de armas. Convence a su hermano y comienzan a vender armas a cualquiera que las necesite. No importa ni el bando, ni la nacionalidad, ni el credo, ni la ideología, el hecho es que tienen una necesidad y Yuri está dispuesto a darles lo que necesitan.

El negocio marcha bien, Yuri se casa con la mujer de sus sueños y tienen un hijo, hasta que Gorbachov anuncia el fin de la Guerra Fría y la desaparición de la Unión Soviética. En ese momento Yuri decide ponerse en contacto con su tío, militar de alto rango del ejercito soviético en Ucrania, para “comprarle” todo lo que tenga en armas. Así, expande su negocio de forma brutal, se hace con AK-47 de 10000 en 10000, adquiere carros blindados, incluso compra una flotilla de helicopteros militares. Aquí la película nos abre los ojos ante un hecho poco conocido, y es que tan solo en Ucrania entre 1982 y 1992 se robaron más de 32.000 millones de dólares en armas y aún hoy nadie ha sido condenado por ello.

Cuando llegan los 90, Yuri enfoca su negocio hacia los conflictos armados en África, más de 11 conflictos que involucran a 32 paises, toda una mina de oro para Yuri, que empieza a codearse con “grupos de liberación” de diversos paises y con dictadores sanguinarios

Así transcurre la película, siguiendo los periplos de Orlov por todo el globo, siempre un paso por delante de Jack Valentine (Ethan Hawke) , un agente de la Interpol que lleva años intentando echarle el guante.

Al final, el bueno acaba pillando al malo, Valentine atrapa a Orlov y al fin tiene pruebas para encarcelarlo, después de que, sin saberlo, la mujer de este le llevase hasta un container donde Orlov guardaba la documentación de sus diferentes identidades, rutas de entrega, “catálogos de productos” y demás documentación.

Pero, aquí es donde Orlov le explica a Valentine que no le va a pasar nada, que vendrá un militar de muy muy arriba y le ordenará que le deje ir. Hacer negocios con alguna de la gente más influyente del planeta, incluso con el propio presidente de los Estados Unidos, le canjea a Orlov su libertad.

Y la película lo deja muy claro, el mal pravalece.


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